El aire acondicionado de la oficina, por primera vez, no pudo disipar el calor que Elena sentía cada vez que Javier se inclinaba sobre su escritorio. Una chispa peligrosa, innegable, había encendido sus tardes grises de plazos y presentaciones. No era solo su sonrisa, ni la forma en que su mirada oscura se demoraba en la suya un segundo más de lo profesionalmente aceptable; era la electricidad silenciosa que llenaba el espacio entre ellos, el eco de su risa que se le pegaba al alma.
Trabajaban codo a codo en el departamento de marketing, inmersos en un proyecto que parecía diseñado para fomentar su cercanía. Las reuniones se volvieron intercambios de miradas cómplices, las pausas para el café, momentos robados donde sus manos a veces se rozaban al tomar la misma jarra. Elena se sorprendía a sí misma deseando las horas extra, no por el avance del proyecto, sino por la posibilidad de quedarse a solas con él, lejos de las miradas curiosas de sus colegas. Empezaba a sospechar que esta iba a ser su propia y personal **romantic love story in office**.
Una noche, mientras la oficina se vaciaba y solo quedaban las luces tenues y el zumbido de los servidores, Javier se acercó a su cubículo. “Elena, ¿tienes un momento? Creo que deberíamos revisar esta propuesta una última vez.” Su voz era baja, íntima, y Elena sintió un escalofrío que nada tenía que ver con la temperatura de la oficina. Se sentó junto a ella, su hombro apenas rozando el suyo. El aroma de su colonia, una mezcla de madera y cítricos, la envolvió.
“Por supuesto”, respondió Elena, su voz más aguda de lo habitual. Sus ojos no podían concentrarse en los números; se sentían atraídos por el perfil de Javier, por la forma en que la luz de la pantalla delineaba la curva de su mandíbula.
“Sabes, Elena,” dijo Javier, su voz apenas un susurro mientras sus dedos señalaban una frase en la pantalla, pero sus ojos levantándose para encontrar los de ella. “Este proyecto es importante, pero hay algo más que ha capturado mi atención últimamente.”
La tensión en el aire era casi insoportable. Elena tragó saliva, su corazón latiéndole como un tambor contra sus costillas. “Ah, ¿sí? ¿Y qué sería eso, Javier?”
Él no respondió con palabras. En cambio, su mano se extendió lentamente, cubriendo la suya que descansaba sobre el ratón. Su pulgar rozó suavemente su piel, enviando una corriente eléctrica a través de todo su brazo. Sus miradas se encontraron de nuevo, esta vez sin el pretexto de un informe. Era una conversación silenciosa de deseo y anhelo.
“No puedo concentrarme en las cifras cuando estás tan cerca, Elena”, murmuró Javier, su voz ronca. Se inclinó, su aliento cálido rozando sus labios. Era el tipo de momento que se convertía en el epicentro de una verdadera **romantic love story in office**.
Antes de que Elena pudiera articular una respuesta, sus labios se encontraron. Fue un beso suave al principio, lleno de la anticipación de semanas, la liberación de la tensión contenida. Luego, se intensificó, volviéndose más profundo, más urgente, una promesa sellada en el silencio de la oficina desierta. Sus manos se aferraron a su camisa, y ella sintió su brazo rodear su cintura, acercándola aún más, eliminando cualquier espacio que quedara entre ellos.
Cuando se separaron, sin aliento, una sonrisa pícara y prometedora apareció en los labios de Javier. “Creo que esta propuesta necesitará muchas más revisiones, Elena.”
Ella le devolvió la sonrisa, su corazón aún desbocado. Sabía que a partir de esa noche, su trabajo en la oficina nunca volvería a ser el mismo. Acababan de escribir el primer capítulo de su secreta y apasionada **romantic love story in office**, un romance que se desarrollaría entre documentos y cafeteras, susurros y miradas furtivas, convirtiendo cada día laboral en una aventura.
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